Ansiedad y estrés

La ansiedad y el estrés (este último es una forma de ansiedad) en el fondo significan "miedo". Usted está en una situación en la que su cerebro evalúa como potencialmente peligrosa para su supervivencia. No es deshonroso tener miedo, es una magnífica herramienta que nos ayuda a sobrevivir, pero hay que aprender a afrontarlo de forma correcta. Es una asignatura que debería enseñarse en los colegios y que, desgraciadamente, no hemos aprendido. La ansiedad y el estrés exagerados, incluso patológicos, son el resfriado común de nuestros días.
Fisiológicamente, para calmar a una persona con una ansiedad alta (o estrés), debe de conseguir "apagar, detener" el "Sistema Neurológico Simpático". Este sistema se encarga de ser una alarma del cuerpo, siendo responsable de defendernos y protegernos de los peligros, originando agitación y miedo como "programa" para sobrevivir. La ansiedad que nos altera debe rebajarse poniendo en funcionamiento el "Sistema Parasimpático". Activar este sistema conlleva tranquilidad y estado de calma. Las personas somos como unos electricistas que intentan parar el sistema de alarma de una casa que está sonando; o un bombero que intenta apagar un fuego; o un conductor que guía un coche a velocidad excesiva y debe aminorar la marcha.
Ambos sistemas (simpático y parasimpático) se caracterizan por una estrecha relación entre los pensamientos del cerebro (que ha detectado un peligro para nuestra supervivencia) y la actividad muscular de respuesta al peligro (luchar o escapar: activación de vasos sanguíneos, cuello, corazón, pulmones, estómago, intestinos, piel, musculatura en general, etc.). Si controlamos alguno de estos campos (cambiando los pensamientos o relajando la tensión muscular), dejará de actuar el sistema simpático (alarma) y activaremos el sistema parasimpático (tranquilidad).
En la consulta se aprenden técnicas cognitivas (cambiar el contenido de los pensamientos, reinterpretar la situación), fisiológicas (desensibilización sistemática muscular, técnicas relajantes musculares) y conductuales (sustituir malos hábitos conductuales o disfuncionales por buenos hábitos) para controlar los diferentes tipos de ansiedad.
